
El actual Estado de Bienestar es incapaz de impedir la existencia de ciertos niveles de pobreza. En los países desarrollados nos encontramos con un gran número de personas que difícilmente pueden satisfacer sus necesidades primarias, debido fundamentalmente a que carecen de recursos. Como se ha señalado en el documental; 72 millones de ciudadanos de la Unión Europea corren el riesgo de caer en la pobreza, principalmente ancianos e inmigrantes. Incluso en países donde el modelo de Estado de Bienestar ha presentado un mayor desarrollo, como puede ser el caso Suecia, nos encontramos con estos problemas. Por ello, corresponde a las distintas instituciones públicas la provisión de políticas sociales para mejorar las condiciones de vida y facilitar la integración de clases y grupos sociales, nivelando e igualando los recursos materiales.
La precariedad laboral es una constante en las sociedades europeas. La existencia de mercados cada vez más competitivos y más flexibles, provoca que nos encontremos con salarios más bajos y con un aumento considerable de la temporalidad. Las empresas multinacionales abandonan los países desarrollados y se instalan en aquellos países donde la mano de obra es más barata. Todos estos aspectos inciden en el aumento del desempleo, que conlleva una salida del mercado laboral y a la larga puede provocar pobreza y/o marginalidad.
En el documental, hemos podido comprobar como en muchas grandes ciudades de nuestro país, al igual que en otras urbes de nuestro continente, nos encontramos con personas que difícilmente pueden paliar sus necesidades alimentarias, que habitan casas de pequeñas dimensiones y en muy mal estado. Estos ciudadanos no tienen posibilidad de acceder a otro tipo de vivienda, ya que en la mayoría de los casos nos encontramos con ancianos, que cobran pensiones y subsidios muy bajos, y con familias donde prácticamente todos sus miembros están desempleados o cobran sueldos muy bajos. En los últimos meses, hemos comprobado como todo esto se ha acentuado con la crisis; la tasa de desempleo ha aumentado considerablemente en nuestro país, que ya tiene más de 3 millones de desempleados. También nos encontramos con grandes colas en los comedores sociales de las grandes ciudades y últimamente muchas personas se quedan sin techo al no tener con qué pagar el alquiler. El llamado “Cuarto Mundo” supone un reto para las instituciones públicas de las distintas administraciones.
Las personas no se sienten realizadas al encontrarse fuera del mercado laboral; se sienten ajenas al sistema e inseguras. La existencia de una gran masa de personas que están dispuestas a trabajar, hace que los salarios sean más bajos y que la fuerza negociadora de los representantes de los trabajadores se reduzca. Muchos colectivos se ven perjudicados, sobre todo los de mayores de 45 años y los inmigrantes, que ven reducidas sus posibilidades de acceder al mercado laboral. Todas estas cuestiones, hace florecer la economía sumergida, que ahonda un poco más si cabe el problema.
Para paliar esta situación los Estados deberían de replantear sus políticas, sobre todo aquellas referidas a las prestaciones y subsidios. Se debe de luchar para que los desempleados no estén mucho tiempo separados del mercado laboral, para ello se debe de impulsar mecanismos y políticas formativas que permitan la recualificación y aumentar la empleabilidad. Además mientras se está cobrando la prestación, se debería de alternar la búsqueda activa de empleo con la realización de servicios sociales que incidan sobre los más desprotegidos y luchar así, la exclusión social.
La precariedad laboral es una constante en las sociedades europeas. La existencia de mercados cada vez más competitivos y más flexibles, provoca que nos encontremos con salarios más bajos y con un aumento considerable de la temporalidad. Las empresas multinacionales abandonan los países desarrollados y se instalan en aquellos países donde la mano de obra es más barata. Todos estos aspectos inciden en el aumento del desempleo, que conlleva una salida del mercado laboral y a la larga puede provocar pobreza y/o marginalidad.
En el documental, hemos podido comprobar como en muchas grandes ciudades de nuestro país, al igual que en otras urbes de nuestro continente, nos encontramos con personas que difícilmente pueden paliar sus necesidades alimentarias, que habitan casas de pequeñas dimensiones y en muy mal estado. Estos ciudadanos no tienen posibilidad de acceder a otro tipo de vivienda, ya que en la mayoría de los casos nos encontramos con ancianos, que cobran pensiones y subsidios muy bajos, y con familias donde prácticamente todos sus miembros están desempleados o cobran sueldos muy bajos. En los últimos meses, hemos comprobado como todo esto se ha acentuado con la crisis; la tasa de desempleo ha aumentado considerablemente en nuestro país, que ya tiene más de 3 millones de desempleados. También nos encontramos con grandes colas en los comedores sociales de las grandes ciudades y últimamente muchas personas se quedan sin techo al no tener con qué pagar el alquiler. El llamado “Cuarto Mundo” supone un reto para las instituciones públicas de las distintas administraciones.
Las personas no se sienten realizadas al encontrarse fuera del mercado laboral; se sienten ajenas al sistema e inseguras. La existencia de una gran masa de personas que están dispuestas a trabajar, hace que los salarios sean más bajos y que la fuerza negociadora de los representantes de los trabajadores se reduzca. Muchos colectivos se ven perjudicados, sobre todo los de mayores de 45 años y los inmigrantes, que ven reducidas sus posibilidades de acceder al mercado laboral. Todas estas cuestiones, hace florecer la economía sumergida, que ahonda un poco más si cabe el problema.
Para paliar esta situación los Estados deberían de replantear sus políticas, sobre todo aquellas referidas a las prestaciones y subsidios. Se debe de luchar para que los desempleados no estén mucho tiempo separados del mercado laboral, para ello se debe de impulsar mecanismos y políticas formativas que permitan la recualificación y aumentar la empleabilidad. Además mientras se está cobrando la prestación, se debería de alternar la búsqueda activa de empleo con la realización de servicios sociales que incidan sobre los más desprotegidos y luchar así, la exclusión social.
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